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Proverbios 22, 22-23

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No votemos por los Congresistas que aprueben reforma tributaria: veto desde ya para las próximas elecciones de marzo de 2018.

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No más impuestos

Es cierto que debemos pagar impuestos, según las regulaciones del país en que vivimos, así lo manda Dios; pero hay un principio constitucional general que dice que no hay impuestos sin representación. Esto es, si tenemos impuestos tan altos es porque las personas que elegimos al congreso los han venido avalando. Es nuestro deber democrático participar en las elecciones a congreso y a las demás que convoque el Estado, pero al cumplir con nuestro deber de sometimiento a las leyes, debemos hacerlo a conciencia, previendo que las personas que elegimos representen verdadera y honestamente el interés del pueblo y no sus compromisos políticos personales.

Así, hagamos un seguimiento respecto de qué leyes están aprobando los congresistas, a efectos de saber por quienes definitivamente no debemos volver a votar y, asimismo, a quiénes posiblemente deberíamos apoyar a futuro.

Somos uno de los países con mayor nivel de tributación. En la anterior reforma tributaria se aumentó el número de ciudadanos que deben declarar renta, abarcando a los de menores ingresos. En esta nueva reforma vuelve a mandarse la red sobre el pueblo, para aumentar aún más este número de contribuyentes, bajando nuevamente el tope para pescar a los que menos ganan, además de disminuir los costos deducibles, de manera que los que hoy declaramos, tendremos que pagar aún mucho más.

Adicionalmente se está aumentando la tasa del IVA al 19%, lo que nos afectará a todos, toquen o no la canasta familiar. También se está creando un nuevo sobrecosto a la gasolina, la cual ya es absurdamente cara, y no ha bajado, pese a la baja mundial del petróleo.

Este gobierno, por las aspiraciones políticas en cabeza del Vicepresidente (quien solo defiende las imposiciones sobre vivienda, sector a su cargo, usado como trampolín político), ha querido hacer en el país las obras que no se hicieron en décadas; lo cual planearon a cargo de las regalías del petróleo. Con la caída en el precio del hidrocarburo, los ingresos fiscales se cayeron en un alto porcentaje. No obstante, el gobierno no redujo proporcionalmente sus proyectos, sino que los ha mantenido a costa de ahogar al pueblo, a través de las mayores imposiciones tributarias.

Unámonos ¡No más impuestos! Las obras sí, pero no todas al mismo tiempo, pues nos ahogaremos y no habrá ni para carro ni para combustible ni para peajes, de manera que en tales condiciones de nada nos servirán más carreteras.

Lo peor de todo es que si se eliminara la corrupción no sería necesario aumentar los impuestos, e incluso, podrían disminuirse tan elevada carga que pesa sobre la cabeza de los colombianos. Evalúense las escandalosas cifras de dinero perdido por la corrupción, dada no solo por los ladrones que nos gobiernan, sino además por los ineptos que planean mal o que gastan en absurdos lujos e inversiones inoficiosas.

Definitivamente, a todo congresista que vote a favor de la reforma tributaria y a todo político que salga a defenderla, vetémoslo desde ya, a fin de que no vuelva a contar con el voto popular para ningún cargo público. Bien sabemos que a tales no les importa el bolsillo de los pobres colombianos, sino las gabelas que deben estar recibiendo del gobierno y del sector empresarial, pues es claro que al final la mayoría aprobará a pupitrazo una reforma que perjudicará al ciudadano de a pie, excluyendo los gravámenes que puedan afectar a aquellas grandes empresas que pagan sus campañas. ¡Quien trabaje en la administración de lo público, que lo haga como para Dios!